viernes, 4 de junio de 2010

Cuita

Ilustración de Lauren Long

(De cuitar).

1. f. Trabajo, aflicción, desventura.
2. f. ant. Ansia, anhelo, deseo vehemente.

Acuitar
(Del prov. coitar).

1. tr. ant. acuitar. Era u. t. c. intr. y c. prnl.
2. prnl. ant. Darse mucha prisa, anhelar alcanzar algo.

Real Academia Española

En la literatura clásica grecolatina se documenta muy frecuentemente el tópico de la aflicción de amor, ya desde Homero. Pero el pasaje más significativo (en sí mismo, y por la influencia ulterior que ha tenido) es un famoso texto del libro IV de la Eneida. La reina cartaginesa Dido, enamorada del príncipe troyano Eneas, tiene conocimiento de la intención del héroe de abandonarla, y la angustia amorosa la desvela. Nótese el contraste entre el sosiego del entorno y el insomnio de la infeliz enamorada (Eneida 4.522-532):

Era de noche y los seres, agotados, disfrutaban
por las tierras de plácido sueño; los bosques y los bravos mares reposaban,
cuando las estrellas se deslizan por mitad de su órbita,
cuando todo el campo calla, los ganados y los pájaros variopintos,
los animales que viven en los lagos transparentes en toda su extensión
y en los campos erizados de zarzas, yaciendo bajo la noche silenciosa.
En cambio, la fenicia, desdichada en su corazón, nunca
entrega sus ojos al sueño ni acoge la noche en su pecho:
sus cuitas crecen y su amor, regresando de nuevo,
se enfurece y fluctúa en el inmenso oleaje de su ira.

1 comentarios:

Funes dijo...

Esta palabra la he usado bastante. Diría que casi es una palabra frecuente en mi.
Y advierto que identifico con "cuitas" esas aflicciones que entristecen, que trasuntan del alma perturbada al rostro que se va poniendo triste, como dibujada la fisonomía por esa desventura que se padece internamente.
Y también me parece que uso la palabra "cuita" para identificar esos sinsabores que uno está dispuesto a compartir, o lo que es mas: necesita compartir.

"Hay veces que me siento solo en una mesa del bar.
Están los muchachos, conversan como siempre, a los vozarrones, y dando cátedra. Pero entro a "Dos Cuchillos" y me ubico en una mesa difusa, medio en los arrabales del café, pegado a una ventana, para mirar a la gente andar por la calle y ver sus rostros para identificar en sus "cuitas", mi propio rostro.
Y tal vez no lo hago para estar solo, ensimismado en mi aflicción, sino para que alguien se acerque y busque la confidencia; venga con la mano tendida y el "che, Funes, que te está pasando?" en la boca.
Y allí, le diré "no, mirá... qué te voy a andar contando mis cuitas con los líos que vos ya tenes". Y uno ya sabe la respuesta de ese amigo: "che, Funes, dale, para qué estamos sino?"
Y es precisamente ese momento en que "las cuitas" afloran y salen la angustia y la desazón. Y se transforman las "cuitas" en palabras que son escuchadas. Así uno comparte "las cuitas".
Generalmente cargo con cuitas que se vinculan a situaciones de nostalgia, al amor, a la pasión desencadenada. También a las aflicciones de las cosas que siento, voy perdiendo irremediablemente."

En fin... me voy, tengo que ir a la feria y se me está haciendo tarde.
Funes

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