lunes, 17 de febrero de 2014
Brete
1. m. Aprieto sin efugio o evasiva. "Estar en un brete". "Poner en un brete".
2. m. Cepo o prisión estrecha de hierro que se ponía a los reos en los pies para que no pudieran huir.
3. m. Arg. y Par. En estancias, estaciones ferroviarias y mataderos, pasadizo corto entre dos estacadas, con atajadizos en ambos extremos para enfilar el ganado.
Real Academia Española
Seguro que más de una vez nos hemos "visto en un brete"o hemos "puesto en un brete" a alguien. Y es que todos pasamos por apuros o dificultades graves, que es lo que significa esta antigua y coloquial expresión.
Pero a pesar de utilizarla a menudo, no todos saben lo que significa "brete" y cuál es el significado original de esta frase, que es bastante siniestro.
Efectivamente, ya Covarrubias en su "Tesoro de la Lengua Castellana" de 1611 nos informa de que brete es un vocablo español antiguo, que significa "potro", es decir, un instrumento de madera que se utilizaba para dar tormento y tortura a los condenados.
Según el Diccionario, brete es "un cepo o prisión de hierro que se pone a los reos en los pies", y al parecer antiguamente se utilizaba para designar a cualquier aparato de tortura en el que se introducía algún miembro del reo para darle tormento, vergüenza pública o limitar sus movimientos para impedirle huir.
También algunos autores medievales citan el vocablo brete en el sentido de trampa para cazar, donde caían presos los animales.
En cualquier caso, por grandes que sean nuestros problemas, debemos recordar que los que originalmente se veían "puestos en un brete" seguramente se veían en una situación más apurada que la nuestra.
domingo, 17 de febrero de 2013
Jerigonzo / Jerigoncio / Jeringozo
(Del prov. gergons).
1. f. Lenguaje especial de algunos gremios.
2. f. Lenguaje de mal gusto, complicado y difícil de entender.
3. f. coloq. p. us. Acción extraña y ridícula.
andar en ~s.
1. loc. verb. coloq. Andar en rodeos o tergiversaciones maliciosas.
Real Academia Española
En jerigonza "escondido" se dice especonpodipidopo y en geringoso se dice epescopondipidopo. Otro ejemplo del geringoso la palabra dedos se dice depedopos. Éstas son variantes lúdicas del habla
Además del entretenimiento, también puede usarse como un modo de codificar el mensaje (criptolalia) de forma que otras personas cercanas a los hablantes no acostumbrados a esta forma de hablar no consigan entender lo que los hablantes dicen.
Jerigonza
El jerigonza puede ser utilizado en cualquier país o ámbito geográfico donde se hable la lengua española.
Después de cada sílaba se agrega el sonido "p" y se repite la vocal. "mate" genera "mapatepe". Es lo mismo que el Geringoso.
Geringoso
Después de cada vocal se agrega el sonido "p" y se repite la vocal. "Gabriel" genera "Gapabripiepel".
miércoles, 8 de junio de 2011
Deleite
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| Óleo de Alex Alemany |
1. m. Placer del ánimo.
2. m. Placer sensual.
domingo, 4 de julio de 2010
Vergel
(Del prov. vergier).
1. m. Huerto con variedad de flores y árboles frutales.
Real Academia Española
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| Ilustración de Cassandra Barney |
..."Desde el Valle de la Orotava, un espléndido vergel, una alfombra esmeralda y jalde, tendida a los pies del coloso Teide, donde predominan las plataneras más selectas, se vislumbra en la lontananza de las alturas la inconfundible y mayestática silueta del gigante, que despunta impertérrito en un nítido y cerúleo cielo." Valentín Justel Tejedor lo usa en: "En la cima del Teide"
viernes, 4 de junio de 2010
Cuita
(De cuitar).
1. f. Trabajo, aflicción, desventura.
2. f. ant. Ansia, anhelo, deseo vehemente.
Acuitar
(Del prov. coitar).
1. tr. ant. acuitar. Era u. t. c. intr. y c. prnl.
2. prnl. ant. Darse mucha prisa, anhelar alcanzar algo.
Real Academia Española
En la literatura clásica grecolatina se documenta muy frecuentemente el tópico de la aflicción de amor, ya desde Homero. Pero el pasaje más significativo (en sí mismo, y por la influencia ulterior que ha tenido) es un famoso texto del libro IV de la Eneida. La reina cartaginesa Dido, enamorada del príncipe troyano Eneas, tiene conocimiento de la intención del héroe de abandonarla, y la angustia amorosa la desvela. Nótese el contraste entre el sosiego del entorno y el insomnio de la infeliz enamorada (Eneida 4.522-532):
Era de noche y los seres, agotados, disfrutaban
por las tierras de plácido sueño; los bosques y los bravos mares reposaban,
cuando las estrellas se deslizan por mitad de su órbita,
cuando todo el campo calla, los ganados y los pájaros variopintos,
los animales que viven en los lagos transparentes en toda su extensión
y en los campos erizados de zarzas, yaciendo bajo la noche silenciosa.
En cambio, la fenicia, desdichada en su corazón, nunca
entrega sus ojos al sueño ni acoge la noche en su pecho:
sus cuitas crecen y su amor, regresando de nuevo,
se enfurece y fluctúa en el inmenso oleaje de su ira.








