lunes, 8 de noviembre de 2010

Galimatías

Ilustración de Marta Ramos
(Del fr. galimatias, discurso o escrito embrollado, y este del gr. κατὰ Ματθαῖον, según Mateo, por la manera en que este evangelista describe la genealogía que figura al comienzo de su Evangelio).


1. m. coloq. Lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas.
2. m. coloq. Confusión, desorden, lío.

Real Academia Española

Llamamos galimatías a un discurso o un texto, que por su deficiente estructura, es difícil de comprender. Los políticos suelen brindar excelentes ejemplos de este concepto. Aparte del español, la palabra existe con la misma forma y con el mismo significado por lo menos en el inglés y en el francés.
El origen de esta curiosa palabra, ha sido un verdadero enigma para los etimólogos a través de los años. Esto ha dado ocasión para que surjan explicaciones con todo el sabor de las etimologías populares. Una de ellas es la siguiente:

Antiguamente, en Francia, los abogados hacían sus alegatos en latín. Hubo el caso de un tipo llamado Matías quien peleaba la propiedad de un gallo. El abogado que intervino repitió tantas veces gallus Mathías, (el gallo de Matías) e hizo un discurso tan enredado, que acabó por acuñar la palabra galimatías, con el significado de: “discurso embrollado e inentendible”.

Es probable que esta historia haya tenido origen en unos antiguos versos jocosos, citados por José Ma. Iribarren El porqué de los dichos, que rezan así:

En cierto lugar que callo,
para que de él no te rías,
tuvo pleito un tal Matías,
sobre propiedad de un gallo.

Tanto el pleito dio que hablar,
y tanto tiempo duró,
que cuando a su fin llegó,
nadie apuntó lo ocurrido:

si aquel gallo discutido,
causa de litigio fiero,
estaba en el gallinero,
o si estaba ya comido.

Y creciendo las porfías,
que dieron lugar al fallo,
pasando y pasando días,
de Matías y del gallo,
se formó galimatías.

Buscando en fuentes más serias, Joan Coromines dice que la palabra llegó al castellano del francés y propone que podría proceder de José de Arimatea, el personaje del Nuevo Testamento. Por falso corte, Josephus ab Arimathea se habría convertido en Josephus a Barimathea, lo que habría dado pie a crear un país imaginario llamado Barimatía, al que se atribuirían las jerigonzas incomprensibles y de ahí se derivaría galimatías. Esta versión fue la que tomó el prestigiado diccionario de Maria Moliner.
El diccionario de la Real Academia Española (DRAE), donde por cierto galimatías aparece por primera vez en la edición de 1843, se inclinó, en las ediciones entre 1956 y 1984, por la hipótesis de que la palabra tenía origen en la jerga estudiantil. El latín gallus (gallo), habría designado a los estudiantes que participaban en las discusiones académicas, de donde con la terminación griega mathía (ciencia), se formó gallimathia. No obstante, en las ediciones 1989 y 1992 del DRAE, ya no apareció ninguna propuesta de etimología.
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Llama la atención que en edición del 2001, el DRAE presenta una nueva hipótesis ¿Acaso algún nuevo descubrimiento?

Galimatías: Del francés galimatías, discurso o escrito embrollado, y este del griego κατὰ Mατθαoν, “según Mateo”, por la manera embrollada en que este evangelista describe la genealogía que figura al comienzo de su Evangelio.

No queriendo cerrar el asunto, busqué en El Tesoro de la Lengua Francesa y encontré que la palabra está documentada en francés desde 1580 en Ensayos de Montaigne. Se descalifican las diferentes etimologías que se han propuesto y se expone que la más reciente hipótesis, es la del eminente lingüista R. Kahane, quien propone que se trataría de una expresión humanista, cuya base sería el griego “Kata Mathías” que significa: “Según Mateo” y haría alusión a la embrollada forma en que este Evangelista describe la genealogía de Cristo (Evangelio según Mateo, I, 1-17). Ahora sabemos de donde procede la nueva propuesta de la RAE. No obstante, hay que decir que la Academia francesa, se muestra escéptica y sigue clasificando a esta palabra como de origen incierto.

Parece que de lo único que podemos estar seguros, es de que la palabra llegó al castellano del francés, ya que aparece hasta 1742 en Cartas eruditas y curiosas, de Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, en donde en un fragmento dice:

“…Que los nuevos philósofos han caído en el galimathías, que reprehendían en los antiguos”

Extraído de Cápsulas de lengua, artículo escrito por Arturo Ortega Morán

6 comentarios:

Barros Matos dijo...

Galimatías es un vocablo que puede usarse en distintas situaciones. Si existiera la palabra (la propongo) tendríamos que hablar de un multivocablo. Es muy común encontrarla en el discurso deshilvanado de los políticos con el consabido fin de hablar sin decir nada. Resulta cómica la presunta etimología de esta palabra, referida al gallo en litigio por un tal Mathías. Y también, en su acepción de confusión o desorden, me recuerda la historia de un compañero del secundario, El Turco Maquediche.
En su rostro predominaban, vaya a saber por que, las formas de los naturales de Turquía. Muchos pensaban que era de madre turca y padre italiano.
Pero el Turco Maquediche no es turco ni italiano. Desciende de rusos. Su bisabuelo llegó a la Argentina a fines del siglo XlX, y la confusión la generó un oficial de inmigración, apurado con una cola de cientos de inmigrantes esperando turno, y la dificultad de entenderse con el ancestro del turco, ruso y encima, sordo.
Los papeles de identidad se habían mojado durante el viaje y su lectura era imposible. La gente se impacientaba, el diálogo entre el oficial y el inmigrante parecía el libreto de un sainete de Vacarezza, el ruso no oía, ni entendía las preguntas que le daban escritas, hasta que otro inmigrante, se ofreció a ejercer de intérprete. Era italiano, pero tenía un conocimiento rudimentario del español.
Comenzó un diálogo internacional entre los dos inmigrantes, ante un crispado agente de la aduana que escuchaba sin entender nada de lo que ellos decían, y que, por lo visto, tampoco se entendían entre si. Por fin, el intérprete vislumbró que el hombre se llamaba Joseph, pero le era imposible entender el apellido. Hasta que, cansado, para saber si el oficial había comprendido algo de lo que decía el ruso, lo miró y preguntó casi gritando algo que el escribiente interpretó como “¡¡¿MA´ QUE DICHE JOSEPH?!!” y ahí nomás, tomó la lapicera, escribió Maquediche Giuseppe, en tren de inventar agregó natural de Palermo, Sicilia, anotó a la esposa e hijos con el mismo apellido y...pase el que sigue.
Con los años, los descendientes de Joseph Mijail Gortinovic intentaron recuperar su identidad, pero los trámites excesivamente burocráticos se alargaban meses y años, y al final, decidieron seguir siendo italianos...y a otra cosa.

Barros Matos dijo...

Galimatías es un vocablo que puede usarse en distintas situaciones. Si existiera la palabra (la propongo) tendríamos que hablar de un multivocablo. Es muy común encontrarla en el discurso deshilvanado de los políticos con el consabido fin de hablar sin decir nada. Resulta cómica la presunta etimología de esta palabra, referida al gallo en litigio por un tal Mathías. Y también, en su acepción de confusión o desorden, me recuerda la historia de un compañero del secundario, El Turco Maquediche.
En su rostro predominaban, vaya a saber por que, las formas de los naturales de Turquía. Muchos pensaban que era de madre turca y padre italiano.
Pero el Turco Maquediche no es turco ni italiano. Desciende de rusos. Su bisabuelo llegó a la Argentina a fines del siglo XlX, y la confusión la generó un oficial de inmigración, apurado con una cola de cientos de inmigrantes esperando turno, y la dificultad de entenderse con el ancestro del turco, ruso y encima, sordo.
Los papeles de identidad se habían mojado durante el viaje y su lectura era imposible. La gente se impacientaba, el diálogo entre el oficial y el inmigrante parecía el libreto de un sainete de Vacarezza, el ruso no oía, ni entendía las preguntas que le daban escritas, hasta que otro inmigrante, se ofreció a ejercer de intérprete. Era italiano, pero tenía un conocimiento rudimentario del español.
SIGUE

Barros Matos dijo...

Comenzó un diálogo internacional entre los dos inmigrantes, ante un crispado agente de la aduana que escuchaba sin entender nada de lo que ellos decían, y que, por lo visto, tampoco se entendían entre si. Por fin, el intérprete vislumbró que el hombre se llamaba Joseph, pero le era imposible entender el apellido. Hasta que, cansado, para saber si el oficial había comprendido algo de lo que decía el ruso, lo miró y preguntó casi gritando algo que el escribiente interpretó como “¡¡¿MA´ QUE DICHE JOSEPH?!!” y ahí nomás, tomó la lapicera, escribió Maquediche Giuseppe, en tren de inventar agregó natural de Palermo, Sicilia, anotó a la esposa e hijos con el mismo apellido y...pase el que sigue.
Con los años, los descendientes de Joseph Mijail Gortinovic intentaron recuperar su identidad, pero los trámites excesivamente burocráticos se alargaban meses y años, y al final, decidieron seguir siendo italianos...y a otra cosa.

Funes dijo...

Qué interesante palabra y explicación aportada a la misma.
Voy a proponer algunos ejemplos clásicos de "galimatias".
En el Quijote de Cervantes aparecen algunos:
"La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de vuestra fermosura”. Otro de la misma obra:
"Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza”.

Entiendo que un "galimatías" no necesariamente es inentendible. Puede llegar a entenderse el sentido de lo dicho o escrito, pero está manifestado (aún entendible) de forma tan embrollada, enmarañada y desordenada que hace perder el sentido de lo que se quiso expresar.
Finalmente me atrevo a afirmar que, mas que los políticos, son los economistas los seres humanos mas propensos a asociar sus expresiones a galimatías permanentes.
Y doblo la apuesta: cuánto mas "mediático" el economista, cuanto más aparece en los televisores y radios, más "galimatías" reproduce.
Días atrás miraba un programa de televisión argentino conducido por un abogado llamado Mariano Grondona que me resulta particularmente aburrido. De tan aburrido, me entretiene este sujeto. Bien. Allí un economista invitado dijo:

"La monetarización se entiende que el pago no es contraprestación de la venta, sino que lo que se le da es que no sucede esa cesión, sino su sustitución por la entrega de dinero".

Simplemente brillante.
Funes

Celestacha dijo...

Genial !! Funes !!! comparto ampliamente su apreciación de aburrimiento con el Sr.Grondona, que pertenece a mi lista de indeseables en este país.
Lo que más me molesta es cuando la persona usa galimatías para darse aires de intelectual sofisticado.
Quien se detiene un segundo a pensar, se da cuenta que sólo es un conjunto de palabras carentes de sentido alguno.
Saludos

Celestacha dijo...

Barros, su entrada es deliciosa.
Habría que escribir un libro ( que probablemente ya existe ) recopilando estas desopilantes historias de inmigrantes. Mi abuelo sirio fue motivo de una historia similar. Y hace poco me contaron que en el pueblo de mi infancia existía una Susana Asecas ( ya lo pueden ir imaginando...) Le preguntaron dos veces el nombre, refiriéndose a nombre y apellido, y en la segunda oportunidad la persona responde que se llama Susana, a secas. Por lo quedó inscripta como Susana Asecas.
Saludos

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