sábado, 11 de septiembre de 2010

Trémulo

Ilustración de Kelly Vivanco
(Del lat. tremŭlus).

1. adj. Que tiembla.

2. adj. Dicho de una cosa: Que tiene un movimiento o agitación semejante al temblor; como la luz de una vela.

Real Academia Española

Rima LXII

Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad.
La brilladora lumbre es la alegría,
la temerosa sombra es el pesar.
¡Ay! en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá?

Gustavo Adolfo Bécquer

1 comentarios:

Funes dijo...

Sin fundamento alguno, vinculo “trémulo” a ese temblor suave como el de la llama de la vela que se agita con la caricia de la brisa. Pero pienso en trémulo como temblor suave del ser humano, que proviene del alma, de las emociones y trasunta al cuerpo.
¿Alguien ha visto el temblor de un pájaro mojado bajo la lluvia? Yo si. Lo he visto y lo que es más: lo he sentido. Y a eso refiere la palabra “trémulo”, para mi y repito, sin fundamento alguno. En 1978 se estrenó el gran film “Expreso de Medianoche”. Ya he nombrado aquí a Julieta de quien me enamoré para siempre (en la palabra “aldaba” y en la palabra “jalde” me he referido a ella). Bien. Resulta entonces que daban esa película en el cine Círculo enfrente a la plaza Alvear, sobre calle Intendente Achaval. Y la invité a Julieta al cine. Trémula vibraba mi alma y mi emoción cuando le dije de ir al cine…. Y más trémulo cuando escuché que aceptaba. Y fuimos. Y mi alma fue verdaderamente una llama ardiente de una vela expuesta a una brisa de otoño. Flameaba trémula cuando ya sentados en el cine, sentía el perfume de Julieta y observaba su pelo ondulado y rubio. Y me animé (derrotando por una vez al menos una timidez que me paraliza) a tomar sus manos. Y en cuanto lo hice sentí ese “temblor de pájaros mojados en la lluvia” que eran esas maravillas suaves como alas: las manos de Julieta, que, trémulas, se aferraron a las mías. Y así, tomados de las manos vimos esa película, “sintiendo” como de a poco, ese suave temblor cedía a la calma de una calidez única e indescriptible.

Por otro lado y como reafirmando que “trémulo” es un temblor suave que viene desde el alma al cuerpo, el gran Almafuerte, en uno de sus “siete sonetos medicinales” dice:
No te des por vencido, ni aún vencido
No te sientas esclavo, ni aún esclavo
“trémulo” de pavor, piénsate bravo
Y acomete feroz, ya malherido.

Lo que nos enseña Pedro B. Palacios (Almafuerte) es que en la desventura, en la casi segura derrota, brotará de nuestra alma un temor que nos hará vibrar, temblar frente a la pavura, pero será ese temor, el que aún “trémulos”, nos llevará a arremeter hacia delante en la vida.
El soneto se titula Piu Avanti, es el segundo de los siete y vale la pena compartirlo:

No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza !
Funes

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