sábado, 4 de septiembre de 2010

Acicalar

Ilustración de Fred Calleri
(Del ár. hisp. *ṣiqál o siqál, y este del ár. clás. ṣiqāl, instrumento para pulir o bruñir).

1. tr. Limpiar, alisar, bruñir, principalmente las armas blancas.

2. tr. Dar en una pared el último pulimento.

3. tr. Pulir, adornar, aderezar a alguien, poniéndole afeites, peinándolo, etc. U. m. c. prnl.

4. tr. Afinar, aguzar el espíritu o las potencias.

Real Academia Española


Fábula / Los dos perros

Procure ser en todo lo posible,
El que ha de reprender, irreprensible.

Sultán, perro goloso y atrevido,
En su casa robó, por un descuido,
Una pierna excelente de camero.
Pinto, gran tragador, su compañero,
Le encuentra con la presa encaminado
Ojo al través, colmillo acicalado,
Fruncidas las narices y gruñendo.
«¿Qué cosa estás haciendo,
Desgraciado Sultán?» Pinto le dice;
«¿No sabes, infelice,
Que un Perro infiel, ingrato,
No merece ser Perro, sino gato?
¡Al amo, que nos fía
La custodia de casa noche y día,
Nos halaga, nos cuida y alimenta,
Le das tan buena cuenta,
Que le robas, goloso,
La pierna del camero más jugoso!
Como amigo te ruego
No la maltrates más: déjala luego.»
«Hablas, dijo Sultán, perfectamente.
Una duda me queda solamente
Para seguir al punto tu consejo:
Di, ¿te la comerás, si yo la dejo?»

España, 1745 / 1801

5 comentarios:

Funes dijo...

La palabra propuesta,“acicalado”, me vincula inmediatamente con “la higiene”.
En efecto: cuando cierro los ojos y pienso en una dama “acicalada” mi imaginación vuela y mis sentidos se activan. Uno “imagina y siente” cierta “lozanía” en esa dama, un arreglo particular en su vestimenta, la suavidad de su piel, la frescura de su rostro, e incluso se activan nuestras capacidades olfativas y “sentimos” ese aroma a un perfume que cautiva.
Recuerdo haber leído que los taitas y malevos de fines del siglo XIX y principios del XX que concurrían a los bailes y milongas y eran capaces en la pista de trenzarse con sus cuchillos en defensa de su “mireya”, eran tipos que se “acicalaban” en grado sumo. Se empilchaban muy bien, con camisas de cuellos almidonados, pantalones planchados con la raya de la bocamanga que parecía un filo de facón. Pañuelo al cuello perfumado, afeitados al ras, pelo engominado y mucha agua de lavanda para perfumarse. De allí surgieron algunas teorías de que estos taitas y malevos que se “acicalaban” tanto eran medio maricones sumado al hecho de que en sus inicios, antes de ser un baile prostibulario, el tango se bailaba entre hombres. ( Luego tuvo su etapa prostibularia, que es donde se producían las grandes peleas y reyertas definidas a punta de facón para defender a la “dama”, y finalmente entró en los salones elegantes del centro de la ciudad). Pero no eran maricones los tipos estos. ¿Porqué tanto “acicalamiento”? Tiene una explicación muy clara: cuando en los bailes prostibularios y en los salones del centro cobra protagonismo la milonga y el tango como danzas principales, se produce el fenómeno del acercamiento sensual en el baile entre el hombre y la mujer. Entonces el no estar acicalado, el “portar” olores feos, nauseabundos, mal aliento, o estar desprolijo a la vista de la dama, implicaba lisa y llanamente, el rechazo.
El hombre, para sacar a bailar a la dama, (sentada esta en su mesa con otras prostitutas –baile prostibulario- o con su madre y hermanas –baile de salón-) no se le acercaba: simplemente la “cabeceaba”, es decir: movía la cabeza en un movimiento seco y corto, direccionado para el lado de la pista. La mujer entonces lo “junaba” al taita o al malevo, y allí el acicalamiento era dirimente: salía a bailar si el tipo estaba atildado de tal forma que trasuntaba higiene, limpieza y aromas cautivantes.
Me dice Gilberto Grandia, el más importante silbador argentino, que el pañuelo al cuello era además de una prenda decorativa, una prenda útil e importante: en el tango, el roce de caras es una parte esencial y el pañuelo permitía ser utilizado para evitar situaciones vinculadas al sudor del rostro y del cuello. Por ello también la importancia de estar muy bien afeitado. También me apunta Gilberto que el colocarse perfume en las muñecas obedecía a que al bailar el tango el hombre pasa su brazo y sus manos cerca del rostro de la mujer.
El tango es una danza única en la cual se desata un amor fulminante y fatal que dura tan solo tres minutos y medio. Ese amor tan fugaz en el tiempo pero tan profundo en esa pareja “casual” dependía básicamente de que ambos estén perfectamente “acicalados”.
El malevo, el taita y el guapo, eso lo sabían. Perfectamente.
Funes

Mariela Torres dijo...

Es una linda palabra, me gusta, me hace pensar en alguien bien limpio y peinado; y si corresponde, maquillada y perfumada.

Besos.

Celestacha dijo...

Brillante descripción de los malevos, milongas y tangos. No lo había pensado,cualquier olor improcedente echaba por tierra toda sensualidad. En definitiva, mirá vos todo lo que un hombre hace por ganarse una pebeta.
Saludos !

Edit dijo...

ja, ja,ja...
Toda esta entrada es una delicia.
La imagen, tu descripción, como los comentarios.
Uso esta palabra mucho, relacionándola con la higiene, aunque por lo que veo puedo ampliar el ámbito de aplicación.
Un beso.

Celestacha dijo...

A todos les remite a "higiene", sin embargo, yo la usaba en el sentido de lustroso, bruñido, perfumado y perfectito. Saludos

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