jueves, 23 de diciembre de 2010

Nadería

Ilustración de Erika Kuhn
(De nada y -ería2).

1. f. tontería (‖ cosa de poca entidad o importancia).

Real Academia Española

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Jorge Luis Borges

5 comentarios:

Barros Matos dijo...

El pueblo no tenía fecha de fundación, pero se sabía que sumaba más de cien años. Dicen que alguna vez fue un lugar dinámico aunque apacible, en los tiempos en que el tren paraba en la vieja estación para cargar los frutos de la tierra. Años de progreso, de gente nueva, que hacían del desolado paisaje, un oasis de vida en medio de la soledad, a demasiados kilómetros de la Capital.
Y eso era bueno, recuerdan los viejos. El tren proveía de vida propia al poblado, sin por eso padecer el fárrago febril de la ciudad.
Todavía está la plaza, pero semi vacío el edificio que era la escuela, la sucursal del banco de la Nación cerrada, de la comisaría queda solamente un destacamento con un agente olvidado por la superioridad, venciendo el aburrimiento entre mate y truco con algunos vecinos.
Un día, un aciago día, el tren dejó de llegar, por esas cosas raras que hacen los gobiernos. Y lentamente, como padeciendo una larga enfermedad, el pueblo comenzó a achicarse, a morir de a poco, a perder identidad, importancia, de pujante centro urbano pasó a ser nada más que un caserío negándose a desaparecer del todo.
Algunos chacareros fueron a buscarse la vida a la ciudad, poblando los suburbios de villas de emergencia. Muchos comerciantes cerraron los negocios, se abrazaron con los pocos que se quedaban, y se fueron, disimulando la vergüenza de los desertores.
Y quienes se quedaron, allí están. Vegetando entre soledades y silencios. Entre casas abandonadas invadidas por yuyos y telarañas, viajando lentas y largas leguas, periódicamente, llevando en un carro algún fruto de la tierra, para vender en ese espacio de nadie, donde el campo y la ciudad se confunden, y trayendo yerba, cigarrillos, harina y otros encargos.
Y los domingos, como quien no quiere la cosa, se acercan a la vieja y desolada estación, conversan en el andén recordando los buenos viejos tiempos, mirando a la lejanía, afinando el oído, con la esperanza de volver a escuchar el temblor de las vías, mordidas por las ruedas de un tren que regresa.
BARROS MATOS

Celestacha dijo...

Es desolador, peor que la nada, a mi parecer.
Preciosamente relatado, como nos tiene ya acostumbrados Barros.
Un saludo

Funes dijo...

Qué regalo nos hace Borges en este poema. Este Borges íntimo corre el velo de toda su literatura, como si esta fuese escrita por el “otro Borges” que era en definitiva él mismo escritor dedicado a justificar su existencia a través de la escritura y la lectura como universos.
El poema que ilustra esta entrada ha provocado un sinfín de estudios desde el psicoanálisis y diferentes versiones de la “motivación profunda” del autor.
Por mi parte y sin querer agobiar, me gustaría centrarme en los conflictos que se desatan en el poema en cuestión. Como decía Heidegger la palabra es la “casa” o también puede ser la cárcel. Y creo que en este caso un Borges intimista decide transformar este poema en su cárcel (tal como lo hace con “1964”). Veamos. Su autocondena por no haber sido feliz lo vive como un pecado, y no como un castigo. Y enfrenta Borges lo virtuoso (los cuatro elementos: fuego, aire, agua y tierra) creados con el fin específico y excluyente del desafío de la felicidad a través del riesgo de recorrer esos elementos, contra la “nadería” surgida del arte como negación absoluta de la posibilidad de ser, precisamente, feliz a través de una vida literaria. Una visión lacaniana profundizaría otras cuestiones, pero yo vuelvo al principio: “pecado o castigo”. Porque todos sabemos (y Borges mas que nadie) que en el arte no se entretejen “naderías”, pero el busca –en mi criterio- un refugio para que su aparente cobardía de enfrentar la vida desde el riesgo de vivir, se transforme en acto heroico de quién corre el velo de su intimidad y la desgarra en público.
¿Podría haber comenzado el poema “He recibido el peor de los castigos…. No he sido feliz”?. Borges acude a la infelicidad como elección propia de la vida, cuando contradictoriamente, en el Poema de los Dones dice que imaginaba el paraíso (o sea la felicidad) como una biblioteca, (es decir como el “arte que entreteje naderías”) la cual le fue dada, paradójicamente cuando queda ciego y lo designan director de la Biblioteca Nacional. (sigue)
Funes

Funes dijo...

(continuación)
Si bien me ha parecido un libro absolutamente interesado y que intenta exponer la vida de Borges devaluándola, -“Borges a contraluz” de Estela Canto,- a partir de él algunos han intentado acercar otra mirada sobre este Borges que asume saberse perseguido eternamente por la sombra de la desdicha (poema Remordimientos) y la sentencia del “ya no seré feliz, tal vez no importa//hay tantas otras cosas en el mundo” (poema “1964”) donde el fantasma de la desdicha lo dibuja en “solo me queda el goce de estar triste”. Pero lamentablemente, Estela Canto se aprovecha a marcar en contraluz a Borges a través de supuestas dudas que lanza sobre su sexualidad, lo cual, en lo poco que he leído al respecto, no se vincularía con una determinada elección sexual su fracaso en la vida por dedicarse a las “naderías” que entreteje el arte y no a encontrar la felicidad en el tránsito sobre los cuatro elementos. Se sabe que Borges amó de una forma peculiar: a partir de anticipar el fracaso al amor sentido, como si fuese ese amor fracasado una profecía autocumplida. Y también se sabe que amó a Estela Canto a quién obsequió uno de sus manuscritos que ésta logró vender para subsistir. Por lo que la supuesta idea de la infelicidad de Borges a partir de su supuesta frustración sexual me parece luce más que nada como un atrevimiento vengativo de la autora, sobre un Borges que al momento del libro “Borges a contraluz”, ya no podía siquiera defenderse.
Bueno… concluyo que Borges en este poema paradójicamente se vuelve heroico pero no desde la posición de un “súper hombre”. Sino desde el “antihéroe”. Como bien lo dice en su trabajo J. Alazraki: “Borges o el difícil oficio de la intimidad”,el genial escritor rompiendo el círculo de su literatura, se adentra a la confesión brutal corriendo el velo que era su obra en la cual se “ocultaba”. Y no lo hace como queja o lamento: es “información urgente” de Borges y su desdicha, sin sollozos, sin quejidos y mostrando su carencia, su debilidad, su intimidad fatal, triste, final, pero a mi entender, aún así, virtuosa.
En fin........
Funes

Funes dijo...

Estaba pensando que debería existir todo un género literario que bien podría llamarse “naderías”. El mismo involucraría a todos aquellos escritos breves, menores, de poca cuantía literaria, no apegado a estructuras prefijadas ni estudiadas y cuyo contenido no dejaría a la posteridad -en apariencia-nada de nada. Digamos que no resumirían en si mismo un contenido trascendente o pasible de ser estudiado. Cuestiones menores. Pero atención: no necesariamente escrita por literatos desconocidos como este Funes. Doy como ejemplo de lo que sería este género literario dos obras escritas por uno de los más grandes autores argentinos y de la lengua española, galardonado con el premio Cervantes: Adolfo Bioy Casares. Una es su libro “Brevedades”, un libraco imponente de más de mil hojas, en las cuales “Adolfito” compiló cuidadosamente todas las anotaciones hechas a mano durante mas de 40 años de su vida. Estas anotaciones eran cuestiones muy breves, menores. Cosas que se le ocurrían de repente, hechos que protagonizaba o que ocurrían a su alrededor, sueños de la noche anterior, ideas que aparecían con temáticas para futuras obras que nunca vieron la luz. Otro libro es “Borges”. Este, más imponente aún en su tamaño que el anterior es la compilación de un diario que escribió sobre sus encuentros cotidianos con Borges durante mas de 50 años. Día a día, Bioy escribía a modo de diario personal, la fecha y qué y cómo había sido el encuentro de ese día con el genial escritor argentino. Si habían almorzado, o cenado, comentarios hechos durante la comida, quiénes eran los otros contertulios, en fin, un anecdotario de brevedades muy sabroso. El mismo llega hasta los días posteriores a la muerte de Borges en Ginebra.
Ambos libros me parecen de una genialidad inigualable. Bioy de por sí es para mi un gran escritor, pero poco conocido en cuanto a sus “naderías”.
Desde ya y sin las virtuosas capacidades de un genio como “Adolfito”, me autotitulo escritor de naderías, escritor fruslero de brevedades casi intrascendentes.
El lector que sabe leer debajo de las líneas escritas, el que sabe escudriñar qué hay detrás de lo formalmente dicho, sabrá darle valor a este estilo literario.
Hay un río de cosas importantes detrás del momento más insignificante de la vida.
Es la vida misma en toda su explosión.
Funes

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