domingo, 19 de diciembre de 2010

Fiasco

Ilustración de Erika Kuhn
(Del it. fiasco).

1. m. Fracaso, decepción. Sus amores terminaron en completo fiasco.

Real Academia Española

Fiasco es una palabra italiana que significa frasco y a la que, sin embargo, se le ha dado en el idioma español una connotación enteramente distinta, pues en cualquier diccionario o enciclopedia aparece vinculada con el mal éxito en una empresa o con un fracaso. La raíz de este vocablo se encuentra en la industria botellera.

Sabido es que las botellas se confeccionan en principio mediante el soplo del vidrio con unos largos tubos. El aire infla la masa del vidrio hasta que adquiere el tamaño deseado y luego se moldea.

Los principiantes en el oficio casi siempre soplan mal y, antes de lograr hacer una botella, no consiguen sino pequeñas burbujas con las que sólo se obtienen diminutas botellitas. Es decir, que en vez de botellas, logran sólo hacer frascos.

He ahí la procedencia del refrán “sufrir un fiasco“.

Fuente: Periodico Express

Sea como fuere, la palabra de hoy camina de la mano de la decepción.

6 comentarios:

Barros Matos dijo...

“Y el asunto terminó resultando un fiasco” Esta expresión, triste, amargada, es el resultado de un fracaso. Se intentó algo, se quiso hacer, y por algún motivo, no llegó a buen fin. Viene al caso una investigación que duró un largo tiempo y las causas que motivaron su interrupción primero transitoria y finalmente definitiva. Primero, debemos acordar que 9 de cada 10 argentinos y no pocos uruguayos (por cercanía) tenemos una característica especial. Cuando una brisa nos trae aroma a asado, aunque no sintiéramos apetito, se nos despierta un deseo feroz por los productos vacunos. Y si íbamos en pos de una fuente de ravioles con salsa boloñesa, nuestra apetencia cambia radicalmente de rumbo dirigiéndose hacia una parrillada completa. Un trío de cofrades jubilados, habitués que eran de la taberna portuaria “A COMER SE HA DICHO”, científicos sin diplomas universitarios pero con los títulos válidos que dan la calle y la vida, sostenían que es patrimonio exclusivo en el cerebro de los argentinos, un centro nervioso especializado, conectado con terminaciones olfativas que solamente detectan el asado, anulando todas las restantes, produciendo un deseo irrefrenable de ingerirlo.
BARROS MATOS ---CONTINÚA

Barros Matos dijo...

Con el fin de determinar su ubicación exacta, hace años comenzaron a experimentar, comiendo una tira a punto o un vacío de ternera con sus achuras correspondientes todas las noches, con el indispensable apoyo del tinto de la casa, intentando identificar las antedichas terminales nerviosas. Al cabo de dos años, sus investigaciones habían ya descubierto y descartado las que recibían el aroma a la sopa de cebolla y al dulce de mburucuyá, cuando un aumento en el colesterol y ácido úrico hizo que el médico ordenara dieta estricta sin `productos cárneos. Como se sabe que los médicos exageran, no eliminaron pero disminuyeron a 3 noches semanales la ingesta de asados y sus complementos, lo que retardó las investigaciones. Y en los últimos tiempos, el aumento espantoso en el precio de la carne los obliga a un asado light (sin mollejas ni chorizos) cada 15 días, lo que sumado a la interferencia en el aparato olfativo de verduras y pastas, dificulta que alguna vez la investigación tenga éxito.
CONCLUSIÓN: No cabe duda de que colesterol, ácido úrico y precios abusivos, conforman un nuevo tipo de terrorismo vernáculo, que conspiran contra las investigaciones científicas, llevándolas a un fiasco TRISTE, SOLITARIO Y FINAL (permiso, Osvaldo Soriano).-
BARROS MATOS

Celestacha dijo...

jajajaja, Barros...esto es genial !! me arrancó una sonrisa en medio de la lluvia !! y eso que llueve por todos lados, por fuera y por dentro también.
Es socialmente sabido que oler una parrillada pone feliz al más desdichado. No hay quien se resista. Recuerdo en mi infancia, ese olorcito puntual,por las calles de Buenos Aires, en las obras de construcción, de los asaditos sobre chapas nomás. Unos en la panadería del barrio encargándose del pan, que eran unos regios "felipes", y otros ocupados en la dedicada faena. Quién no flaquearía a pedir, olvidándose del traje y las prisas, un trocito de vacío en un pedazo de pan ??. Por lo que me parece obsceno y antipopular los precios cárnicos en este país, que van a terminar atrofiando definitivamente esas características terminaciones nerviosas que nos distinguen.

Hermosa entrada Barros.
Que termine feliz el domingo.
( y ojo con el tinto )

Funes dijo...

“Fiasco” además de todo es una enfermedad. Me ocurre que siempre estoy en el lugar indicado en el momento inoportuno, o al revés, estoy en el momento oportuno en el lugar equivocado. Pero para hacer coincidir “lugar y momento” estoy condenado al fracaso.
Obvio es que comenté en el Bar “Dos Cuchillos” esta situación. Allí me enteré que todos los que recalan enese bar sufren el mismo mal que describo. Pero el que supo explicar con claridad el problema fue el principal historiador argentino –inédito- Profesor Severo Guiraldes. “No luche contra esa enfermedad Funes, perderá siempre” me dijo, y me pidió que cuente algún ejemplo de desconexión entre lugar y tiempo. “Bueno –me despaché- tengo una amiga con la cual nos gusta ponernos a charlar de bueyes perdidos. Bien. Pero ella, con razón, se enoja conmigo porque ¨justo¨ cuando ella necesita hablar yo no estoy en el lugar indicado para la charla. O si estoy en el lugar, obvio es que será fuera del tiempo oportuno”. Y allí vino la explicación del Profesor Guiraldes que intentaré transcribir textualmente. Dijo el historiador: “primero Funes, déjeme decirle que usted miente, es obvio. La amistad entre el hombre y la mujer no existe, es decir para nada esa dama es –para usted- su amiga. Pero yendo al problema concreto debo decirle que usted padece una enfermedad que disocia las nociones de lugar y tiempo. Y le aclaro que es una enfermedad propia de los hombres, no afecta a las mujeres. Algunos tipos como nosotros tenemos un ¨desfase¨ entre el lugar en que tenemos que estar y el tiempo en que debemos estar en ese lugar. Ojo! Eso no nos ocurre en temas laborales, o en cuestiones familiares, y menos con los amigos, reuniones para asados, encuentros aquí, en el café y cosas por el estilo. No. Solo en temas vinculados a las mujeres. Lo que usted, falsamente Funes, disfraza como ¨amistad¨. Sepa que las relaciones definitivas con una mujer nos es y será siempre negada. Llegaremos tarde o al lugar equivocado. No luche contra eso Funes…. Es una enfermedad incurable….”. Entonces, turbado, pregunté: “La pucha, profesor… cómo se llama esa enfermedad que nos disocia e impide encontrarnos con la dama porque pifiamos en el lugar, o erramos en el momento oportuno?”. Contestó Acevedo, 98 años, dueño de la librería de viejo mas importante de Argentina: “Fiasco, Funes. Se llama Fiasco. Esta enfermedad le impedirá para siempre tener un amor perdurable, nunca estará en el sitio indicado o en la hora señalada. Algo pasará que lo desviará o lo hará llegar tarde. Solo le quedan los amores fatales y fulminantes que duran pocas horas. Confórmese con eso” Concluyó el librero.
Me fui del bar triste y preocupado. Entendí que así pasa y pasará la vida. El “fiasco” y yo vamos juntos. Digamos que me acompaña con la tenacidad que me sigue mi sombra.
En fin
Funes

Celestacha dijo...

Quizá sea más sencillo, Funes: uno no se cruza con lo que teme.
No hay destino que no sea elegido.
En fin...

Funes dijo...

Tiene razón, Celeste. No comparto de todos modos que "quizá sea más sencillo". Y hay veces que uno intenta derrotar esos temores, vencerlos. Pero también hay veces que no dependen solo de uno. Digamos entonces que quizá no hay destino que no sea elegido, pero hay veces que la elección del destino depende de las elecciones que otros hacen de sus destinos. Y por lo tanto ya no son solo los temores de uno, sino que se "cruzan" los temores de los otros... y entonces lo simple se complica....

No lo se.....
En fin....

Funes

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