jueves, 12 de enero de 2012

Golem

 Esta palabra no se encuentra catalogada en el diccionario de la Real Academia Española / DRAE

Un golem es, en el folclore medieval y la mitología judía, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada. En hebreo moderno, la palabra «golem» significa «tonto» o incluso «estúpido». Por eso se lo utiliza como un insulto coloquial en idish o yidish, sinónimo de patoso o retrasado.El nombre parece derivar de la palabra gelem, que significa «materia en bruto».
La palabra golem se usa en la Biblia (Salmos 139:16): según fuentes hebreas de Europa oriental, esta criatura modelada de arcilla roja como Adán (del sumerio Dam, que significa rojo y Adama, o arcilla), cobra vida sólo cuando su creador inscribe el nombre de Dios en su frente. La palabra también se usa en la literatura talmúdica para referirse a una sustancia embrionaria o incompleta. Similarmente, los golems se usan primordialmente en la actualidad en metáforas, bien como seres descerebrados o como entidades al servicio del hombre bajo condiciones controladas pero enemigos de éste en otras.
En el folklore medieval inspirado en la tradición mística hebrea, el término Golem designa a un embrión que aún debe expresar sus potencialidades.
Las leyendas lo presentan como un ser creado artificialmente, mediante prácticas mágicas.
En una leyenda medieval se relata que el filósofo Solomon Ibn Gabirol logró crear una joven Golem, a la que podía dar vida escribiendo la palabra clave en su frente, pero la redujo a polvo al borrar el nombre por el temor de ser acusado y condenado por brujería.
En el relato El Golem de Chelm se aborda el mismo mito, auténtico antecedente judío del famoso tema de la criatura del Dr. Frankenstein. En esta ocasión, el rabino Elijah -responsable de haber animado a la criatura- también se ve obligado a borrar la palabra Dios de la frente del Golem que creó, ante la furia destructiva que se apoderó de ésta cuando se volvió contra el pueblo judío.
Pero tal vez la tradición más conocida que hace referencia al Golem tiene como protagonista a un judío de Praga -el rabino Loew-, que habría creado uno en el s XVI con el fin de proteger a los hebreos de las persecuciones de que eran objeto.
Sin embargo, más allá de todas estas leyendas y relatos populares que lo presentan como una criatura monstruosa, probablemente estamos ante una historia elaborada con un objetivo mucho más ambicioso y noble: explicar y transmitir los más recónditos y secretos principios del misticismo y del hermetismo hebreo.
Algunos autores ven en este mito un complejo simbolismo alquímico, cuyas huellas se remontarían incluso hasta el Génesis bíblico.
Criatura en estado embrionario, animada por el ser humano mediante fórmulas mágicas secretas, el Golem sería una alegoría del hombre durmiente prisionero de la materia, que esta condenado a ser un autómata hasta reconocer en sí mismo su naturaleza divina y despertar a la auténtica realidad y a la vida del espíritu.
El mito del Golem realiza, por lo tanto, el anhelo ancestral del Hombre de convertirse en Dios-Creador. A imagen de cómo Dios crea al hombre, el rabino modela el Golem y, como el alquimista, al imitar al Creador también él desarrolla sus propias potencialidades como ser divino.

Autor: Roberto Volterri  en Compartiendo culturas

2 comentarios:

Viejex dijo...

Una entrada maravillosa, Celeste.

Anónimo dijo...

Coincido con el amigo Viejex: magnífica la publicación de la editora.
Y, si se me permite, quiero contar algo respecto de que, por poco creíble que resulte, puedo dar pruebas.
La cosa es así: como bien dice Celeste, de las diversas ideas sobre El Golem que andan por la vuelta, la que más se ha arraigado en la cultura de las juderías europeas es la que involucra al Rabino de Loew. Que es el Rabino “Leon” conforme la traducción de su nombre. Pues, no creo que haya mas sublime explicación sobre la creación de la Bestia estúpida que la que brinda Jorge Luis Borges en el poema superior “Golem”. Allí están precisamente las claves de la explicación de la existencia.
El joven que fui tuvo la posibilidad de acercarse muy tempranamente al poema borgiano y desde ese momento, quedó en mi la idea de que el Golem existe de verdad, su arcilla, su vida de domingo a viernes, su descanso del Shabat... Entonces me prometí un día salir en su búsqueda.
Esto se potenció cuando un día, leyendo a Scholem y su Cábala y simbolismo, me entero que, efectivamente, cada 33 años el Golem aparecía en una de las ventanitas del viejo barrio de Praga, el gueto judío.
Y ya más grande, y según mis cálculos los 33 años se cumplirían en el año nuevo judío que coincidía con el 2011 del calendario gregoriano. Y aunque quisieron disuadirme de que era una locura, decidí salir en su búsqueda.
Viajé a Praga justo en el Rosh Hashana (año nuevo hebreo). Y recorrí incansablemente Praga, sus calles mágicas y de otra época. Casi no quedan judíos allí, pero me entrevisté con viejos judíos que salvaron su vida de la masacre nazi. Y un testimonio brindado por uno de ellos me convenció que efectivamente, el Golem existe.
Y decidí quedarme en Praga. En el Día del Perdón judío, concurrí a la sinagoga “Nuevovieja”, del año 1400, la sinagoga del Rabino de Loew, la misma en la que creó a la criatura. Y pasé allí las 24 horas del Iom Kipur. Terminado el día de expiación de pecados, salí nuevamente a recorrer las calles de Praga. Sabía que algo pasaría. Me emborraché en una cantina praguense y mis pasos me llevaron hasta un bodegón llamado “Golema”. Allí seguí bebiendo solo y hasta lo imposible, desesperado por no encontrar lo que fui a buscar.
Allí, a la madrugada, entre el sueño de un día terrible (para los judíos el Rosh Hashana y el Iom Kipur son los “Iamim noraim”, los “días terribles”) y el alcohol que desdibujaba toda claridad en mi mente, sucedió algo mágico, increíble e inaudito, que pese a mis pruebas, solo me ha hecho ganar el mote de “loco”.
Allí, borracho, en la taberna Golema, a las 3 de la mañana, en el segundo exacto, tomé una fotografía al Golem parado justo frente a mi.
Funes

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