domingo, 22 de abril de 2012

Huraña

Ilustración de Benjamín Lacombe
(Del lat. foranĕus, forastero, con infl. de hurón).

1. adj. Que huye y se esconde de las gentes.


Real Academia Española

PLUSCUAMPERFECTO DE FUTURO / Fragmento
 
Cuando deje las sábanas, mañana,
pensaré que mi sueño de la noche
no ha sido sólo un sueño
y que lo que me aguarda no es la huraña
mañana de mañana.
Acogeré mi cuerpo esperanzado,
como un feliz presagio inmerecido,
y si hay un cuerpo al lado,
será maravilloso descubrirlo,
saber que las monedas que he pagado
(y las monedas con que me ha comprado)
han sido las monedas del amor,
que pagamos con gusto y por el gusto,
locos de amor los dos.
Y amar, esa mañana, extrañamente,
será la redención de nuestros actos
pasados y futuros,
y el hecho del amor, en su presente,
será como la historia sin la historia,
un cuento que contamos con los cuerpos
y que tiene sentido,
lleno de ruido y furia compartidos.

Carlos Marzal
Valencia en 1961.

4 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

Ahora la que pienso, hace bastante que no escucho esta palabra. Que podria llegarse a aplicarse, en su modo masculino, a mí. Tal vez sea un poco huraño.

BARROS MATOS dijo...

A los 59 años, Miguel Caputto reconoció por fin, que había odiado a Liberto Sanches toda la vida. Que por su culpa, embebido en ese rencor, tuvo una infancia sin amigos, una adolescencia solitaria, y por su manera de ser, callada y huraña, sus compañeros de trabajo, molestos al principio por lo que consideraban soberbia, terminaron por dejarlo de lado.
En el colegio, intentó menoscabar a su enemigo. No me resulta simpático, esa forma de ser...algo así como sobradora, ¿no? Buen muchacho, quizá, pero...”decía a los compañeros del Nacional, dejando en el aire el final de la frase que podía significar cualquier cosa, desde conocimiento de perversos secretos, hasta un simple sentimiento de desprecio.
Después de 40 años de no verlo ni hablar con nadie de él, Miguel Caputto decidió sacárselo de encima, dejar de pensar en Liberto Sanches de día y soñarlo de noche. De creer verlo en rostros fugaces al paso, o en las fotos irreconocibles de los diarios. Comprendió que el rencor no había dejado espacio para la felicidad en su vida.
Aceptar definitivamente que el stress, la hiperacidez y las palpitaciones, no eran producto de un exceso de trabajo como diagnosticaban los médicos, si no de ese encono, que desde el fondo del alma enviaba mensajes a todos los órganos y sistemas de su cuerpo.
Iría al psicólogo.
Reconocería ante ese extraño, lo que intent6 tantos años ocultarse a si mismo. Que jamás aceptó ser para los otros chicos Miguel, mientras aquel era Liberito; que se desesperaba cuando la maestra escribía correctamente el apellido Sanches sin z, mientras a Caputto le quitaba una t; que en los cumpleaños las madres elogiaran su buena educación y que nunca se manchara la ropa con chocolate, y que para Liberito él era uno más, mientras que para él, el mundo giraba alrededor de su odio escondido bajo la falsa sonrisa de su angustia.
Cuando llegó a la consulta, la secretaria le informó que el Dr. Mendez García había sufrido un leve accidente jugando al golf con un colega, quien se había ofrecido gentilmente a suplirlo con sus pacientes. “Si Ud. no tiene inconveniente, el Dr. Liberto Sanches puede recibirlo”.
Miguel Caputto caminaba por las calles sin rumbo, y sin saber cuando ni como salió de la sala de espera, ante el asombro de la secretaria por su rostro demudado y su silencio.
40 años, pensaba. 40 años. Sin verlo, sin saber de él…40 años...durante 40 años...y ahora, cuando decido…
Y distraído por esa última burla del destino, cruzó la calle sin ver el camión que doblaba la esquina.
BARROS MATOS

Celestacha dijo...

Maravilloso Barros Matos...le dije que voy alguna vez a preparar un libro, con su firma y la de Funes para recopilar tan extraordinarias narraciones ?? qué le parece ???
Saludos

BARROS MATOS dijo...

CELESTE, Muy buena idea, pero así como están las cosas, ¿es realizable?
BARROS MATOS

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