viernes, 23 de marzo de 2012

Plañir / Plañidera

Ilustración de Kelly Vivanco
(Del lat. plangĕre).

1. intr. Gemir y llorar, sollozando o clamando. U. t. c. prnl.

MORF. conjug. c. mullir.

Real Academia Española

Derivada de la palabra plañir (sollozar) y ésta del latín plangere, surge la palabra plañidera, o  mujer a quien se le pagaba por ir a llorar al funeral de alguna persona. 
Se hace mención de estas mujeres desde la más remota antigüedad. Para expresar de un modo más enérgico la desolación que debía causar al pueblo judío la devastación de Judea, el profeta Jeremías dice que el Dios de Israel mandó a su pueblo a hacer venir lloronas que él designa bajo el nombre de lamentatrices. Este uso del pueblo hebreo pasó a otras naciones y sobre todas, se conservó entre los griegos y romanos. Estos últimos daban el nombre de praefica a la principal de cada comitiva de lloronas porque era ella la que presidía las lamentaciones y la que daba a sus compañeras el tono de tristeza que convenía según la clase del difunto.
Las plañideras iban cubiertas con un velo y llevaban un vaso en que recogían las lágrimas que derramaban. Estos vasos llamados lacrimatorios se encerraban con mucho cuidado dentro de la urna donde se depositaban las cenizas del difunto. 
Se encuentran representaciones de plañideras desde el Arte egipcio y llegaron a ser representaciones características en tumbas, sobre todo durante el período Gótico.
Actualmente se usa este término para referirse a cualquier persona que llora mucho sin motivo. También, a veces, doliente.
En las procesiones de Semana Santa en España, es usual ver plañideras llorando tras los pasos, reflejando así su pena por la muerte de Cristo.


YO VOY SOÑANDO CAMINOS

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...

¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.

Antonio Machado

1 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

En este caso, casi es para aprobar que no esté tan usada esta palabra, suena bien. Pero esta actividad era detestable. No le veo sentido.
Aunque para descalificar a quien llora, se lamenta, sin motivo, no está mal.

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