sábado, 17 de marzo de 2012

Férula

Ilustración de Norman Rockwel
(Del lat. ferŭla).

1. f. cañaheja (‖ planta umbelífera).
2. f. Autoridad o poder despótico. Estar uno bajo la férula de otro.
3. f. Med. Tablilla flexible y resistente que se emplea en el tratamiento de las fracturas.
4. f. desus. Palmeta para castigar a los muchachos de la escuela.

Real Academia Española

En todos los casos, esta palabra resuena con aquello rígido, inflexible, limitante y dominante.
Pero todos estos significados adheridos a la palabra vienen de antaño.
En principio, la férula es una gramínea cuyo tallo es grueso y alto, de 5 y hasta 10 pies, que crece en países cálidos. En la antigüedad la férula de Egipto era la más estimada. Los antiguos conocían una especie de férula doméstica, y la otra grande, elevada y de gran dureza en su corteza, y en cuyo interior tiene un meollo o tuétano fungoso por cuya razón se sirvieron de ella como de una mecha para conservar y transportar el fuego, ya que el fuego va consumiendo insensiblemente el meollo sin quemar la corteza . Hesíodo dice que Prometeo robó el fuego del cielo y lo llevó oculto en un vástago de férula, cuya fábula hizo célebre esta planta.
La férula fue en otro tiempo el cetro de los emperadores y el símbolo de la autoridad de los reyes.
Entonces se hacían también con ella obras preciosas de embutido. Alejandro encontró entre las alhajas de Darío una cajita de férula en la cual metió los escritos de Homero a fin de que, como dice Plinio, la obra más perfecta del espíritu humano estuviese conservada en el cofrecito más precioso.
Los tallos de férula sirvieron para castigar a los niños y esclavos, y derivando este nombre de ferire, herir, se llamó indistintamente férula a todo bastón destinado para castigar.
El báculo pastoral se llamó también férula.
Después se dio el nombre de férula a una especie de palmeta de madera, de la cual los pedagogos se servían para pegar con ella a los niños en las palmas de las manos, y a los mismos golpes que se daban con ella o con otros instrumentos.
Por último, los griegos llamaron también férula a un lugar separado de la iglesia, donde estaban los penitentes y catecúmenos de segundo orden.

Fuente: Diccionario histórico enciclopédico, 2 Escrito por V. Joaquín Bastús

2 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

O sea que se castigaba con lo que usó Prometeo para guardar el fuego robado. Que de el nombre de una planta haya pasado a estar debajo del algo es una muestra de lo insolito de la evolución de las palabras.

BARROS MATOS dijo...

Gabriel Vera Alonso fue compañero de aula los 2 últimos años del Nacional, venía de otra provincia. Era el prototipo de lo que llamábamos (creo que aún se usa el término) chupamedias. Su sonrisa era permanente lo mismo que el desprecio general del que gozaba entre sus compañeros. Algunos profesores más ocupados en corregir exámenes escritos que conocer a sus alumnos lo tenían por un muchacho capaz y con futuro. Otros, aquellos que nos estudiaban, daban muestras claras de un desprecio contenido. Gabriel sabía adonde llevar sus chismes, cuando y como decirlos, y gozaba de lo que venía después sobre aquellos alumnos de los cuales había exagerado algunas apreciaciones ante oídos ansiosos de profesores afines a su metodología. Así resultó ser durante esos años del secundario, después de los cuales perdí ¡por suerte! Todo contacto con él. Las vueltas de la vida me llevaron un día a una empresa que había publicado en el boletín de la entidad médica a la cual yo pertenezco, un aviso solicitando un médico para control de ausentismo. Hablando con sus dirigentes, me explicaron que había un exceso de pedidos de licencia por problemas psicológicos y hasta neurosis, comparados con otras empresas de similares características. Antes de aceptar el cargo, solicité estudiar los antecedentes de estos casos, y encontré que el 92% estaba a las órdenes del gerente administrativo Gabriel Vera Alonso. ¿Sería el mismo? Sí, lo era. Y con asombro noté su cambio de actitud acorde a lo que fuera en otros tiempos. Bajo su férula, subyacía el terror de sus empleados. El trato despectivo, las amenazas veladas, los castigos llenándoles escritorios de expedientes urgentes media hora antes de terminar la jornada, eran los indudables responsables de las afecciones de los empleados. Llevé todos estos antecedentes al directorio de la empresa, Les aseguré que con un jefe distinto la situación cambiaría, y que no necesitarían médico de control. Meses después me encontré por casualidad con uno de los directores generales que me comentó que luego de observar un tiempo esa sección, decidieron la cesantía de Vera Alonso, con la indemnización correspondiente. Y los casos de enfermedad disminuyeron notablemente
BARROS MATOS

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