jueves, 8 de diciembre de 2011

Changüí

Ilustración de Tiago Hoisel
1. m. coloq. Chasco, engaño, vaya.
2. m. coloq. Arg. y Ur. Ventaja, oportunidad, en especial la que se da en el juego.
3. m. Cuba. Antiguamente, cierto baile popular.

dar ~.

1. loc. verb. R. Dom. Hacer algo para generar envidia.

Real Academia Española

Voz informal del lunfardo argentino, si bien existe en Centroamérica con otros significados.  que entre nosotros se aplica a la ventaja concedida en un juego o desafío. Dar changüí tiene un matiz, a veces,  entre despectivo y sobrador. Para los españoles significa trampa o engaño. Se le atribuyen los más variados orígenes, desde el afro hasta el andaluz y el quechua. Una voz de lo más curiosa, a sabiendas de su "ch" y de la diéresis, presente en pocas palabras de nuestro idioma.

Ateniéndome al significado en la zona rioplantense, leí en internet, sin poder dar garantías de veracidad, que esta palabra del lenguaje del fútbol, deriva del inglés  "chance to win", de donde se origina "dar changüí", por dar ventaja o posibilidades de ganar. Era una especie de hándicap, comenzando el partido con algún gol anotado al más flojo de los equipos. Parecería ser un origen, cuanto menos, creíble.

Para ilustrar la palabra, recordé la fábula de la Liebre y la tortuga, y cómo la primera le da un changüí a la tortuga, sin medir las consecuencias de su soberbia.

La liebre y la tortuga

Conversaban un día la liebre y la tortuga,
y se le ocurrió de pronto a esta hacerle una rara apuesta.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera- le dijo.
-¿A mi ?-preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti .
Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quien gana la carrera.
La liebre muy divertida aceptó .
Confiada en su ligereza, dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando.
¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!
Pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió el camino.
La liebre se había quedado dormida,
¡Tan tranquila se sentía!
Despertó de pronto, y comprendió que el tiempo había pasado sin sentirlo;
la tortuga debía estar ya lejos.
Entonces echó a correr con su acostumbrada ligereza, pero era demasiado tarde:
la tortuga atravesaba en ese momento la línea de llegada.
Había ganado la apuesta.

4 comentarios:

BARROS MATOS dijo...

El que pronuncia la frase “te doy un changüí” generalmente lo hace con una sonrisa levemente sobradora, la cabeza algo levantada y un brillo de sorna en los ojos. El dar un Changüí es otorgar una ventaja. Es decir, sin palabras, “estoy capacitado para ganarte comenzando en inferioridad de condiciones”. En la mayoría de los casos, no es un ofrecimiento generoso. Intenta demostrar una superioridad en lo que se trate, un juego a las bolitas de unos chicos o al poker de adultos. Pero no siempre sale bien para quien lo recibe. Existen los “profesionales” del changüí, aunque no con ese nombre, si no con una derivación tramposa de la metodología. Era común (no sé si aún se practica en algunos lugares) en los salones de billares. Dos jugadores mostraban su escasa habilidad en el juego, y en algún momento algunos “vivos” se ofrecían a jugar por unas monedas que ganaban fácilmente. Aumentaban la apuesta y volvían a ganar. Y Luego, cuando la apuesta era grande, esos jugadores de “escasa habilidad” se transformaban en imparables y ganaban con caras de ¡Mirá que casualidad, como la pegamos! Los perdidosos sabían que fueron engañados con esa especie de “changüí” que recibieron al creer que jugaban contra principiantes, y o se las aguantaban, o salían a relucir los cuchillos de los que tanto nos contó Jorge Luis Borges. Otra forma derivada del changüí es común en España. Una mesita en la vereda con tres mitades de nueces y una pequeña bolita. El mago de las manos las mueve de aquí para allá y debés averiguar por unos euros debajo de que media nuez está. Entonces, uno de los mirones (generalmente una jovencita en convivencia) aprieta el borde de una nuez sobre la bolita. Es indudable que ganará. Al ingenuo que mira le pide que la tenga apretada mientras ella busca sus euros para jugar, y lo “llevará en la ganancia”.El ingenuo acepta. Y al final resulta que la bolita no está más ahí si no debajo de otra nuez. El que iba a ser llevado en las ganancias, ahora debe colaborar con las pérdidas. Y como estos personajes, generalmente gitanos y no de los buenos y decentes, mejor sacá los euros, pagá y aprendé para otra vez.
BARROS MATOS

Celestacha dijo...

Vi caer a muuuchos en esa mesita española...y forman rondas y varios de esa ronda son cómplices solapados que hacen de público. Todo dura hasta que la policía los saca corriendo...y no hay changüi que valga !!!. Abrazos para mi amigo Barros Matos

NoeliaA dijo...

Mirá, la usaba mi abuela, ¡¡qué gusto encontrarla bien definida!!

Un abrazo

Anónimo dijo...

Don Barros, qué placer saludarlo después de mi ausencia! Quiero terciar en el tema y abrir (tardíamente quizá) el debate sobre la palabra "changüí". En efecto, acepto la primera parte de su exposición: "te doy changüí" dice uno de los contendientes y deja partir primero en la carrera al otro, sabiendo de antemano que no perderá. Entonces hay allí un contrato de reglas claras: uno decide libremente competir partiendo con posterioridad y el otro libremente recibir ese beneficio. Si luego el que dio el changüí pierde la carrera, no habrá queja alguna. Y si gana quedará demostrada su superioridad anunciada de antemano. Distinto son estos estafadores que en el billar están a la espera de que caiga un incauto, un infeliz que desconoce lo que será en definitiva, la trampa. En este caso no hay un changüí anunciado a favor del contendiente desprevenido: por el contrario: hay una sobreactuación del habilidoso que se hará el otario por un rato, mostrando disminuidas sus capacidades competitivas, hasta el momento justo de dar el zarpazo y esquilmar a la víctima. El que compite anunciando el changüí, corre riesgos y hará un esfuerzo superados para mostrar sus superiores capacidades aun en desventaja. El otro no anuncia nada porque es un estafador.
En una ciudad remota de Argentina, en Paraná, tengo entendido existió un tipo, manco, que era un genio para el billar, y dicen que usaba esa presunta discapacidad física que en el no era tal, para hacer caer incautos.
Ya que estamos, porqué no me averigua algo respecto del manco este, si es verdad que existió? Apelo a su doble condición de investigador y jubilado.
Gracias

Funes

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