domingo, 16 de enero de 2011

Rufián

Óleo de Carlos Ferreyra
(Quizá del it. ruffiano, y este der. del lat. rufus, pelirrojo, rubio, por alus. a la costumbre de las meretrices romanas de adornarse con pelucas rubias).

1. m. Hombre que hace el infame tráfico de mujeres públicas.

2. m. Hombre sin honor, perverso, despreciable.

Real Academia Española

He aquí una interesante reseña de su etimología:

Uno de los muchos nombres de las mujeres dedicadas a la prostitución era el de rúfula, diminutivo de rufa (variante de rubra). El adjetivo rufus, rufa, rufum (una variante de ruber, rubra, rubrum) aunque en principio significó "rojo" y se usó para designar a los pelirrojos, acabó distanciándose de su origen, de modo que se repartieron los colores entre ambas palabras: el rojo encendido pasó a ser el ruber; mientras que el más apagado (de color, que no de calor) pasó a llamarse rufus. De ahí saldrán nuestros rubio, rubia y rubiales. Al ser el moreno el color propio de los romanos, los pelirrojos y los rubios llamaban mucho la atención; tanto que a quien lo era, se le distinguía con el apodo de Rufus, es decir "el Pelirrojo" o "el Rubio". Lógicamente las mujeres rubias hacían furor, por lo que ése fue el color elegido por las prostitutas para atraer a la clientela. Llegó a ser como un distintivo del oficio (en otros tiempos y lugares fueron los labios pintados de rojo, en otros la cinta roja, en otros los picos pardos...); de manera que rúfula = rubita (el diminutivo es una característica inseparable del oficio) pasó a ser sinónimo de prostituta. Aquí se produce un vacío léxico que habría que llenar con un hipotético rufulanus, en el latín coloquial y en el bajo latín, que sería el que tiene por oficio comerciar con las rúfulas. No cuesta demasiado justificar la evulución a rufián.
El significado que le asigna desde siempre el diccionario a este término, abona su antigüedad. En el siglo XIV está bien documentada esta palabra (antes debió mantenerse como un vulgarismo indigno de pasar a la escritura) y tiene ya el valor de "hombre que se dedica al tráfico de rameras"; y por extensión, y como gravísimo insulto, "hombre sin honor, perverso, despreciable" y también "espadachín de oficio y asesino de alquiler".

Extraído de El almanaque

3 comentarios:

Barros Matos dijo...

Rufián, proxeneta, cafiolo, cafisho, (hay muchos más) distintos nombres para un oficio deleznable que sirvió de argumento a innumerables tangos, algunos sainetes, y hasta para un memorable libro, LOS SIETE LOCOS, de Rodolfo Arlt. Es el hombre que “protege” a las prostitutas del daño que pueda causarle un cliente adicto a la violencia. Por ese trabajo cobra el dinero que recibe la mujer, cubriendo sus prioridades en ropa, alimento y demás necesidades. Puede ser violento con ellas si estima que no trabajan lo suficiente o si sospecha que se queda con parte de lo que cobra, o si quiere “salirse” del oficio, dejar de “hacer la vida” como lo denominan. Muchas veces la mujer termina amando a este hombre, lo que se conoce como síndrome de Estocolmo. Lo que sucede en estos casos, es que la necesidad del ser humano de recibir algo de amor, únicamente puede encontrarlo en “su dueño”. Estos hombres viven en los bajos fondos, están en relación con la delincuencia, a veces incluso son parte de algún delito, y muchos suelen ser “buchones” (confidentes) de la policía, que les permiten ejercer el oficio a cambio de informes necesarios para detener a delincuentes.
El uso de esta palabra se ha extendido. También se llama rufián a un estafador, a quien usa la mentira como fuente de ingresos. A quien finge amor con fines inconfesables. Sus sinónimos no corren en estos casos. Cafiolo, cafisho, es únicamente el proxeneta.
BARROS MATOS

Funes dijo...

RUFIANES
El uso generalizado de “rufián” está destinado a tipificar al tipo malvado, perverso y da la imagen de sujeto muy peligroso. Pero a partir de su concepto más estricto (el que comercializa y prostituye mujeres), contaré una historia de rufianes.
Para 1910 Argentina estaba entre los diez países más importantes del mundo y su moneda era la quinta de más valor. Una potencia que construyeron criollos con gallegos, italianos, sirios libaneses, judíos, turcos entre otros inmigrantes que colaboraron para hacer de la Argentina el país que fue. Bien. Particularmente yendo a la colectividad judía inmigrante recalaron aquí trabajadores, intelectuales, gente de bien que pusieron su grano de arena en forjar un gran país. Pero también vinieron un grupo de judíos polacos que fundaron la tristemente célebre “Zwi Migdal”, una organización mafiosa que traía judías polacas engañadas, para el ejercicio de la prostitución en América. El “modus operandi” era así: los miembros de la “Zwi Migdal” viajaban por las aldeas polacas y contaban el éxito que habían tenido en Argentina y proponían casamiento a jóvenes mujeres que en aquella época (años 1910, 1915) pasaban hambre y sufrían los pogroms en Polonia, Rusia y en el este europeo. Así, desposadas subían al barco con su marido, cargadas de ilusiones por un mundo mejor que se avecinaba. Y allí en el mismo barco se “conocían” con otras seis, siete, ocho mujeres que habían sido seducidas por una vida mejor por el mismo esposo. Una vez en Buenos Aires estas mujeres eran “rematadas” en subastas entre los dueños de prostíbulos, o enviadas a Rosario, Córdoba, Montevideo; o incluso a Río de Janeiro; Santiago de Chile, y otras ciudades de América. El lugar de las subastas era el café Parissien, o el hotel “Palestina.
Recuerdo una película de la década del 40, argentina, en que un rufián va a una subasta para comprar prostitutas para su burdel: en la fachada “legal” del edificio se leía una placa “Levy y Levy” caracterizado apellido judío. Detrás de “legales” oficinas de negocios los dueños de los burdeles pugnaban por las compras al mejor postor.
Fue la propia comunidad judía la que a partir de denuncias formuladas por las mujeres sometidas, la que combatió a la “Zwi Migdal”, expulsando de sus sinagogas a los rufianes y no aceptando donaciones de éstos. Ya para 1930 esta organización dejó de existir.
Una acotación final: el personaje de rufián en “Los siete locos” al que alude Barros Matos es tomado por Roberto Artl de un rufián que existió: fue una anarquista devenido en presidente de una sociedad que detrás de la fachada de legitimidad se dedicaba a la mal llamada “trata de blancas”: era Noé Trauman, persona que fue conocida por el propio escritor y lo inspiró para el personaje del “rufián melancólico”.
Funes

Celestacha dijo...

Funes, maravillosa narración y muy pedagógica, por cierto, porque desconocía mucho de lo que aquí nos cuenta.
Quiero agradecer estas enseñanzas porque permiten que el sitio sea algo más valioso que la mera recopilación de palabras. Los comentarios de Funes se irán descubriendo poco a poco, a la mente abierta y al corazón sensible.
Un abrazo afectuoso

Quizá también te interese

Related Posts with Thumbnails