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lunes, 3 de marzo de 2014

Azuzar

 

Iustración de Erika Tcogoeva

(De la interj. sus).

1. tr. Incitar a los perros para que embistan.
2. tr. Irritar, estimular. azuzar el ingenio.

Real Academia Española

Instigar a animales o personas para que se ataquen o enemisten.
Titular de un periódico: Ashotel acusa a "empresarios especulativos del suelo" de Gran Canaria de azuzar el pleito insular.
Sinónimos: hostigar, incitar, excitar, espolear, avivar, aguijar, aguijonear, instigar, pinchar, irritar, achuchar, animar, estimular, enardecer, atosigar, acosar, enzarzar

martes, 11 de febrero de 2014

Aliteración

 (De a-1 y el lat. littĕra 'letra').

1. f. Ret. Repetición notoria del mismo o de los mismos fonemas, sobre todo consonánticos, en una frase.

2. f. Ret. Figura que, mediante la repetición de fonemas, sobre todo consonánticos, contribuye a la estructura o expresividad del verso.
Real Academia Española

La Aliteración es una Figura Retórica que consiste en repetir o combinar varios sonidos a lo largo de una misma frase para es conseguir un efecto sonoro:  
En el silencio lo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba 

Se repite el sonido /s/ creando un efecto sonoro semejante al zumbido de abejas.
Otros ejemplos:

Los claros clarines de pronto levantan sus sones.
Rubén Darío


De finales, fugaces, fugitivos
fuegos fundidos en tu piel fundada.
Jaime Siles
 


El ala aleve su leve abanico
Rubén Darío 


Oye el sórdido son de la resaca, infame turba de nocturnas aves.  
Luís de Góngora

Los suspiros se escapan de su boca de fresa.  
Rubén Darío 

viernes, 17 de enero de 2014

Adefesio

Ilustración de Anne Soline
(Del lat. ad Ephesĭos, a los efesios, título de una epístola de San Pablo, por alus. a las penalidades que pasó el santo en Éfeso durante su predicación).

1. m. coloq. Despropósito, disparate, extravagancia. U. m. en pl.
2. m. coloq. Traje, prenda de vestir o adorno ridículo y extravagante.
3. m. coloq. Persona o cosa ridícula, extravagante o muy fea.
Real Academia Española

La palabra "adefesio" significa algo tan estrafalario que es horrible. Proviene del latín "ad" "Ephesios" , perteneciente a los efesios. Este pueblo de la antigüedad era tan ostentoso en sus cosas que caían en lo ridículo y extravagante. Incluso San Pablo, en una de sus cartas a los efesios les advierte sobre este particular.

miércoles, 15 de enero de 2014

Angurria / Angurriento

Ilustración Winnie-Pooh
(Falsa separación del ant. estrangurria).

1. f. coloq. estangurria (‖ micción dolorosa).
2. f. Am. Deseo vehemente o insaciable.
3. f. Am. hambre.
4. f. Am. Avidez, codicia.
5. f. Cuba y Méx. Secreción frecuente de orina.

angurriento, ta.
(De angurria).

1. adj. Am. Ávido, codicioso, hambriento. 2. adj. Méx. Dicho de una persona: Que orina frecuentemente. U. t.

Real Academia Española

Mirá vos cuál es el origen !

martes, 7 de enero de 2014

Albor

Ilustración de Amanda Cass

(Del lat. albor, -ōris).

1. m. albura (‖ blancura perfecta).
2. m. Luz del alba. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.
3. m. Comienzo o principio de algo. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.
4. m. Infancia o juventud. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.

~ de la vida.

1. m. Infancia o juventud.

~es de la vida.
1. m. pl. albor de la vida.

quebrar ~es.
1. loc. verb. amanecer (‖ empezar a aparecer la luz del día).
Real Academia Española

Rima LXII - Gustavo Adolfo Bécquer
Primero es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad.

La brilladora lumbre es la alegría,
la temerosa sombra es el pesar.
¡Ay! en la oscura noche de mi alma,
¿cuándo amanecerá?

domingo, 18 de agosto de 2013

Amanuense

 
(Del lat. amanuensis).

1. com. Persona que tiene por oficio escribir a mano, copiando o poniendo en limpio escritos ajenos, o escribiendo lo que se le dicta.

2. m. Escribiente de un despacho, oficina o tribunal.

Real Academia Española

Amanuense es la palabra que designa a quien reproduce libros a mano. De ahí su sinónimo, copista.
Destaca su labor en la difusión del libro hasta la aparición de la imprenta de tipos móviles en el mundo occidental, a mediados del siglo XV. Un copista experimentado era capaz de escribir de dos a tres folios por día. Escribir un manuscrito completo ocupaba varios meses de trabajo. Esto sólo en lo que se refiere a la escritura del libro, que posteriormente habían de ilustrar los iluminadores, o encargados de dibujar las miniaturas e iniciales miniadas (de minium, en latín, sustancia que producía el color rojo de la tinta, el más habitual en estas ilustraciones), en los espacios en blanco que dejaba el copista.
Los utensilios más habituales que utilizaba el copista eran: penna (la pluma o péñola), rasorium o cultellum (raspador) y atramentum (tinta).

Algo de historia:

La labor del copista tuvo gran importancia social en el Antiguo Egipto, donde los escribas o copistas eran muy valorados en una sociedad cuya escritura jeroglífica era un saber al que accedían sólo unos pocos, y por su necesidad para las clases dirigentes, ocupaban un alto lugar entre la jerarquía administrativa. El escriba, siempre de familia principal, aprendía de un escriba experimentado las enseñanzas de su oficio desde niño. Sentado en el suelo con las piernas cruzadas, el escriba egipcio utilizaba como soporte el papiro, elaborado tras un complicado proceso a partir la planta homónima, y usaba para escribir una pluma de caña o un tallo de la misma planta del papiro. La escritura adoptaba el sentido de derecha a izquierda en columnas verticales.

En lo que respecta a una de las características semánticas más importantes de la palabra copista, la de reproducción, difusión y conservación del libro mediante su copia, este oficio, que desempeñaban los siervos, comienza en Grecia, y más tarde en Roma. El dominus o señor hacía copiar a sus esclavos, con destino a su biblioteca particular, cualquier libro. Los libreros, que comercializaban estos manuscritos, también tenían un número variable de copistas a su cargo para atender sus necesidades de reproducción de libros.

El panorama cambia cuando son los centros monásticos los encargados de transmitir y salvaguardar el patrimonio de libros escritos. El amanuense medieval acostumbraba a escribir o aislado en su celda(preso) (el caso de los monjes cartujos y de los cistercienses) o en el scriptorium (escritorio), que era una dependencia común del monasterio acondicionada para tal fin, allí trabajaban muchos monjes a la vez. En esta sala los monjes escribían habitualmente al dictado, o traducian los libros escritos en griego o en latín con lo que se podían efectuar varias copias simultáneamente. Era un trabajo ingrato, que obligaba a forzar la vista, debido a la luz pobre que en general penetraba en los monasterios medievales. Cada día el copista trabajaba en un fragmento del ejemplar o modelo encomendado, o bien podían trabajar varios copistas al mismo tiempo en un códice repartiéndose los cuaterniones o cuadernillos.


domingo, 11 de agosto de 2013

Acedia / acedía

Ilustración de Leicia Gotlibowski

(Del lat. acidĭa, y este del gr. ἀκηδία 'negligencia').

1. f. Pereza, flojedad.
2. f. Tristeza, angustia.

Real Academia Española

Se trata pues de un estado emocional y mental caracterizado indistintamente por apatía o melancolía: estado de acedia. En sus aplicaciones, parecería que la pereza se refiere más al cuerpo, a un estado físico, en tanto que la acedia está más relacionada con un estado del alma.
He aquí una primera aproximación al término. La palabra castellana es heredera de un rico contenido etimológico que orienta para comprender mejor su sentido.
Las palabras latinas acer, acris, acre, aceo, acetum, acerbum, portan los sentidos de tristeza, amargura, acidez y otras sensaciones fuertes de los sentidos y del espíritu. Los estados de ánimo así nombrados son opuestos al gozo, y las sensaciones aludidas son opuestas a la dulzura.  

Para el cristianismo la acedia es uno de los pecados capitales. Por ello se la suele encontrar en manuales o  diccionarios de moral o de espiritualidad. En estos textos se la puede encontrar en todas sus formas: en forma de tentación, de pecado actual, de hábito extendido como una epidemia, y hasta en forma de cultura con comportamientos y teorías propias: a fuerza de haber dejado de verla se ha dejado de saberla nombrar, señalar y reconocer. Muchísimas veces ni siquiera se lo advierte allí donde está a fuerza de considerarlo como un hecho natural y obvio.
El Catecismo de la Iglesia Católica (=CIC) la nombra - acentuando la í: acedía - entre los pecados contra el Amor a Dios.  El Catecismo la define así: "La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino" (CIC 2094). La acedia se presenta, en la práctica, como una pereza para las cosas relativas a Dios y a la salvación, a la fe y demás virtudes teologales.
Se la entiende como decadencia de un estado mejor, esta pérdida del gozo, de la dulzura y del fervor, y su transformación en tristeza, avinagramiento o frialdad ante los bienes divinos o espirituales, parece emparentar con la apostasía o conducir a ella. Es, en muchos casos, un apartarse de lo que antes se gustó y apreció, porque ahora, eso mismo, disgusta, entristece o irrita.  
La acedia se opone directamente a la esperanza, a la fortaleza, a la sabiduría y sobre todo a la devoción, al fervor, al amor de Dios y a su gozo.

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